Te escribí una carta. 

Te escribí una carta y solo pensaba que en ocasiones me quedan muy bien los círculos. Te diré, ha sido extraño no escribirte, no ver el celular por si una notificación tuya se me pasaba de desapercibida.

Pero te diré mejor que he pensando mucho en ti. De otra forma, de tu postura, de lo que me has hecho conocer sobre ti. 

No tengo el coraje de escribirlo en un mensaje más de nuestra extensa conversación virtual porque posiblemente no me entiendas cuando lo leas. Posiblemente pienses que dudo de tus buenas intenciones. Estás equivocado. Dudo de las personas, siempre lo he hecho. Mas ahora, dudo de las acciones. Yo quise descifrar un significado que no existía en tus modelados pensamientos sobre el momento. 

No, no es el momento. Nuestro momento

Aquí, en este momento, comienzo a hilar tejidos que delicadamente se adhieren unos a otros; pensamientos que, como los círculos, me llevan de punto a otro siempre llegando al primero. 

¡Qué poderoso es el tiempo que solo él tiene voluntad y decisión al mismo momento! No me puedo despedir de ti en esta carta pues no sé si algún día la encuentres. Puedo, mejor, decirte (o callarte, depende del momento) que uno puede amar porque el amor es único, puro y eterno pero dos… Dos es complicado. 

​Cuando leas esta carta, en desventaja a como lo hice, dímelo. Dime que en ocasiones me quedan muy bien los círculos. 

FranciscoesMendoza

Lo que siempre supimos.

Mi rutina terminaba, casi todas las noches, al llegar a tu cuarto. Primero saludaba al viejo, quien a veces estaba dormido o a veces se sorprendía de verme. Acto seguido prendía la luz y me sentaba en tu cama; que no se me ocurriera recargar mi espalda en la pared o subir los pies con zapatos porque seguro te molestabas.
Aunque en esencia siempre me contabas lo mismo, cada noche me enseñabas cosas distintas. Relatos de antaño como tus experiencias allá en “tu pueblo”, aventuras extraordinarias de viajes que te llevaron tan lejos como quisiste, amarguras y tristezas, como tú decías, que me hacían re-sentir lo que viviste, escenas tan quisquillosas y graciosas que nunca terminabas de contar porque entre risas me contagiabas la emoción de la historia.
Cada pasaje que me contabas, aunque en la misma semana la recordaras más de dos veces, fue una ventana para entender tu vida. Fuiste guerrera, decidida y astuta para enfrentar los retos que se te presentaban. Noble, dramática y sincera cuando la vida te otorgaba bendiciones (como tú decías). Tu filosofía del poco más o menos me marcó; con ésa expresión definías tu día, explicabas lo que sentías y te esperanzabas a despertar al día  siguiente poco más o menos mejor. 
Las historias y mi complicidad son solo una parte; los mandados cada sábado, los recados cada día, los encargos con el zapatero, con la florista y con el bodeguero, y las salidas de compras las disfruté tanto que no sé si los obsequios que me dabas los hacías por compromiso o porque me los ganaba ya que si a alguien difícil he conocido, ha sido a ti.
Es que eras tan minuciosa, fija, observadora, impredecible y dura pero con un gran corazón y nobles sentimientos que llegabas a enamorar de la forma más sincera, directa y apasionada que una hija, madre, abuela y bisabuela*, en esencia, que una mujer, podría hacerlo. Y no es que vivieras como si te llevaba el demonio o como el viejo decía: “entiéndela mijito, así ha sido desde que nació”, la verdad es que después de recorrer un largo camino sinuoso y de sobrevivir a tantas “angustias, corajes y alegrías” (también lo decías) lo que queda es recordar y vivir. Recordar lo que te llevó hasta el lugar donde estás. Y Vivir para enseñarles a los demás lo complejo que es una vida. 
Hace años, un día aparentemente cualquiera, cuando las cosas se complicaron, y sin recordar las palabras exactas, comprendí algo fundamental; Vida, solo una. A partir de ese momento me empeñé en hacer todo lo posible porque estuvieras bien; escuchar tres veces el mismo cuento; regañarte cuando solo hacías “cadenas de historias” (así decías); complacer exigencias que solo tú querías; comprarte, llevarte y dejar que disfrutaras todos esos detalles y lujos que cada semana te dabas y que sin objeción compartías con los que estábamos en la casa. 
Sé que no todos los días cumplí mi compromiso pero no me arrepiento ni me siento culpable. Lo que hice fue por ti; en vida te ofrecí, te ayudé, te disfruté y te amé tanto que ahora solo quedan las moralejas de vida y el recuerdo de las últimas palabras que siempre decías antes que cruzara tu puerta de madera adornada con un Mickey Mouse: “Buenas noches y que Dios te bendiga”.
Feliz cumpleaños. Te amo, Abuela.  

 

Un final anunciado y esperado (Preámbulo)

Lo que comenzó como un reto personal, ahora, está por terminar. Los siguientes meses, que prácticamente son tres (o menos, si no incluimos los puentes, los festejos, entre otras suspensiones) se traducirán al tiempo preciso que necesito para repensar y organizar mis pensamientos sobre el punto de partida que quiero para iniciar mi vida como profesional de la educación.

Que estos meses sean de los más satisfactorios como estudiante; que me permitan conservar la visión de alumno, para que en un futuro, sopese lo que como docente quiero en mis alumnos. Estoy ansioso, ilusionado y muy motivado por seguir adelante. Es momento de reflexionar e ir avanzando hacia el túnel que me llevará a un nuevo ciclo en mi vida.

Never let me go (borrador)

Hay tantas veces que quiero escapar, huir de este lugar. Es una cueva, es una mansión. Es un lugar para pensar e imaginar más no para hacer.

En mi cuarto se han encontrado tantos demonios como esperanzas, tantas ilusiones como berrinches.

Quiero que pase el tiempo lo más rápido posible. Queda muy poco para terminar y huir, queda muy poco tiempo para ser libre, al fin.

Los extrañaré, sí. Los amo.

Reflejos de unas fotos sin revelar

A veces veo tus fotos. A veces dejo de hacerlo.
Debería hacer otra cosa más emotiva, más real y más importante.
Pero, ¿por qué no dejo de ver tus fotos?
Ya no me gustas. Ya no quiero tener otro tipo de relación contigo. Ya no quiero saber de ti. Pero, y ¿entonces?
Sin titubear sé que tus fotos son un pequeño sueño, una pequeña ilusión de obtener y lograr lo que quiero.
No tienes la vida perfecta, no tienes lo que busco. Tienes todas las intenciones de comerte el mundo; seguro lo has caminado más de lo que me imagino.
Esas ganas, esas ilusiones, esos mensajes, esas fotos son las que motivan, ya no obsesionan, a ‘luchar’ por mis propios sueños. A lograr mis propias metas y quebrar mis estúpidos y banales miedos.
No te admiro, me reflejo.
Ahora me doy cuenta que tenías razón. Iba a ser imposible.

FranciscoesMendoza

You are so Fancy (parte 1)

Te vi caminar. Pasos lentos y aparentemente torpes. No importa, es solo tu manera de andar.
Hemos hablado, hemos reído, nos hemos besado y abrazado. Un helado, un café, una caminata y muchas platicas. Tantas que pienso que te conozco. Lo básico, o bien lo que siempre nos preguntamos cada vez que nos enamoramos.
Espera; ¿dije enamorarse?, ¿dije rutina?… Tal vez sea sólo la primera. Rutina es que siempre me enamore después de una semana de conocernos. Y que yo recuerde, esta es my very first time.

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Razones para no escribirte

Si me preguntaras qué es lo que me atrae de ti, no te tendría una respuesta concreta. En realidad no sé bien qué es lo que me hizo obsesionarme tanto a ti. ¿Tus ojos? ¿Tu cuerpo? ¿Tu rostro?
Tal vez haya sido lo que miré a través de esos ojos oscuros: tu vida. Tu personalidad tan divertida, mordaz, a veces infantil, a veces “pícara”, dirías tú.
Tienes en la edad, la experiencia y los aprendizajes que moldean una vida. Las alegrías que la familia y los amigos nos regalan; las tristezas que las peores circunstancias generan fortaleza y convicción.
¡Qué te digo sobre tus características profesionales! Eres profesional en una área emergente, de moda, que todos estamos hablando de ella; Maestro en las comunicaciones -literal-. Tu facilidad para hablar y atraer la atención de los demás es tal que sería una desgracia si no tuviera efecto efímero en mí.
Pero, ¿en realidad vi todo esto en tus ojos? ¡Tonterías! Solo nos hemos visto dos veces en persona. Conozco más tu redacción con todo y emojis, que tu tono de voz (que por cierto fue muy difícil dejar de escuchar en mi cabeza después de verte dos jodidas veces).
Pero recuerdo, casi completamente, lo que hablamos esas dos veces. La primera vez corrimos más de lo que hablamos; qué oso con mi canción al terminar el circuito. La segunda vez, más formal y cafetera, me pusiste a prueba y en unas cuantas preguntas me evaluaste toda mi formación académica.
Sabes más tú de mí, que yo de ti. Sabes que estoy enamorado (tirándole a la obsesión) de alguien tan perfecto como siempre he pensado de la perfección. En pocas palabras, tú eres tan perfecto para mí.
¿Puedo ser más sincero que ayer? Estaba tan sobrio esas veces que declare mi amor por ti, que aún siento los nervios, la vergüenza, la inmadurez y la esperanza de que llegues al punto en el que estoy.
Pero no es así y no lo será. Lo dijimos muy puntualmente; estamos en tiempos, espacios y circunstancias muy distintas.
Eres tan perfecto para mí, que es imposible que seas real y estés junto a mí.

No tengo razones para escribirte. Tengo razones para expresarte lo que pienso, para quitarme los miedos y las sábanas que no pueden ocultar lo que es claro pero estorban más que un costra de días que no puede caerse.
Sigue siendo infantil, absurdo y poco racional que seas motivo de esta carta si sé que nunca la leerás. Pero me gusta terminar de arrancar las pequeñas costras que no dejan generar la nueva piel visible y limpia en espera de nuevos rasguńos y peligros.

FranciscoesMendoza